Cómo planificar tu año de forma sencilla y cumplir tus objetivos

Journal de cuero Muse burdeos sobre bandeja de madera, con bolígrafo encima y vela encendida.

Cada año se repite la escena: llega enero, haces una lista de propósitos de año nuevo, la escribes con ilusión… y unas semanas después ya casi ni recuerdas dónde la dejaste. El problema no eres tú ni tu fuerza de voluntad. El problema es que solemos pensar el año en abstracto: frases grandes, expectativas altas y cero conexión con tu vida real, tus ritmos y tu energía.

Este artículo es para hacer justo lo contrario: planificar tu año de forma sencilla, sobre papel, a un ritmo calmado y con pocas prioridades claras. Vamos a ver cómo:

  • Revisar el año que termina con preguntas concretas.
  • Elegir 3–5 prioridades que tengan sentido para tu vida.
  • Traducirlas en objetivos y hábitos realistas.
  • Aterrizar todo en un sistema analógico simple usando tu cuaderno de viaje notāre.

Por qué los propósitos de año nuevo casi nunca funcionan

No es falta de disciplina: es que los propósitos, tal y como solemos plantearlos, no son un sistema.

La mayoría de propósitos de año nuevo fallan porque:

  • Son vagos: “hacer más deporte”, “comer mejor”, “leer más”.
  • Se formulan desde la culpa del año anterior, no desde una visión serena del siguiente.
  • No tienen en cuenta tu agenda real, tus límites ni tu energía.
  • No se traducen en hábitos concretos ni en un plan visible.

Además, suelen funcionar en modo todo o nada:

  • O lo hago perfecto desde enero.
  • O siento que he “fallado” y lo abandono.

En lugar de eso, una planificación anual sencilla te invita a otra cosa:

  • Pasar de una lista de deseos a pocas prioridades claras.
  • Traducir esas prioridades en objetivos concretos.
  • Bajar esos objetivos a hábitos pequeños, sostenibles.
  • Aterrizarlo todo en un lugar físico donde puedas verlo y ajustarlo.

Lo que necesitas no es más fuerza de voluntad, sino un sistema que te acompañe todo el año.

Revisar el año que termina: preguntas clave en papel

Antes de decidir cómo quieres organizar el año nuevo, necesitas mirar con calma el que se está cerrando. La revisión del año es el primer paso de cualquier planificación con sentido.

Por qué hacerlo en papel

Hacer esta revisión en papel ayuda a que:

  • Bajes las ideas de tu cabeza y puedas verlas delante de ti.
  • El ritmo de la escritura a mano te invite a pensar despacio.
  • Puedas volver sobre tus notas más adelante, sin ruido ni notificaciones.

No hace falta tener un “journal perfecto”. Cualquier cuaderno sirve si puedes escribir sin filtros.

Preguntas para revisar el año

Reserva al menos una hora tranquila. Apaga notificaciones. Elige un lugar cómodo y escribe, sin preocuparte por la forma.

Puedes usar estas preguntas para revisar el año:

  1. ¿Qué ha ido bien este año?
  • ¿Qué logros, grandes o pequeños, te han hecho sentir orgullo?
  • ¿Qué decisiones tomarías otra vez igual?
  • ¿Qué hábitos o proyectos te han dado energía?
  1. ¿Qué ha sido difícil?
  • ¿Qué situaciones te han drenado?
  • ¿Qué rutinas, responsabilidades o proyectos han sido demasiado?
  • ¿Qué cosas has mantenido por inercia?
  1. ¿Qué ha cambiado en ti?
  • ¿En qué te notas distinto respecto a enero pasado?
  • ¿Qué has aprendido sobre tus límites, tu tiempo, tus necesidades?
  1. ¿Qué quieres dejar ir?
  • Compromisos que ya no conectan con tu vida actual.
  • Formas de trabajar que solo generan ruido.
  • Expectativas que ya no encajan contigo.
  1. ¿Qué quieres proteger el año que viene?
  • Momentos del día que te hacen bien (un paseo, un café en silencio, escribir).
  • Relaciones, proyectos o espacios que quieres cuidar.
  • Hábitos que ya funcionan y quieres mantener.

Esta revisión de fin de año no es un examen. Es más bien una conversación contigo. Al verla en papel, empezarás a ver patrones: lo que se repite, lo que pesa, lo que te sostiene.

Elegir pocas prioridades y traducirlas en objetivos y hábitos realistas

Con la revisión hecha, llega la parte delicada: decidir en qué quieres centrarte de verdad. Aquí es donde se gana o se pierde la claridad del año.

1. Elegir tus prioridades del año

En vez de hacer una lista enorme de objetivos del año, piensa primero en grandes áreas:

  • Salud y energía.
  • Trabajo o proyecto principal.
  • Relaciones y vida personal.
  • Creatividad y aprendizaje.
  • Finanzas y hogar.

Pregúntate:

Si solo pudieras cuidar bien 3–5 cosas este año, ¿cuáles serían?

Esas son tus prioridades del año. Escríbelas, cada una en una página distinta de tu cuaderno. No te preocupes aún por los detalles; quédate con los grandes titulares.

  • “Cuidar mi energía física y mental.”
  • “Dar forma al proyecto X.”
  • “Simplificar mi casa.”
  • “Cuidar mejor mis relaciones cercanas.”

Menos prioridades = más posibilidades de avanzar en algo real.

2. De prioridad a objetivo concreto

Ahora traduce cada prioridad en 1–3 objetivos del año, más específicos y realistas. No hace falta que sean ultra técnicos, pero sí que se vean y se entiendan.

Ejemplos:

Prioridad: “Cuidar mi energía física y mental.”
• Objetivo 1: “Moverme al menos 3 días por semana.”
• Objetivo 2: “Reservar una tarde al mes solo para mí, sin planes obligatorios.”

Prioridad: “Dar forma al proyecto X.”
• Objetivo 1: “Definir el alcance y fases del proyecto en el primer trimestre.”
• Objetivo 2: “Avanzar un bloque del proyecto por trimestre.”

Comprueba siempre:

  • ¿Este objetivo cabe en mi calendario actual?
  • ¿Depende completamente de otras personas o puedo avanzar incluso con pequeñas acciones?
  • ¿Qué emoción me despierta al leerlo: presión, ilusión, calma…?

3. Pasar de objetivos a hábitos y acciones

Aquí es donde tu planificación anual se vuelve práctica. Un objetivo sin hábito se queda en frase inspiradora.

Para cada objetivo, anota:

  • El hábito que lo sostiene (qué, cuándo, cuánto).
  • La primera acción mínima que puedes hacer esta semana.

Ejemplos:

Objetivo: “Moverme al menos 3 días por semana.”
• Hábito: “Caminar 20–30 minutos los lunes, miércoles y viernes.”
• Acción mínima esta semana: “Elegir la franja horaria y preparar ropa cómoda la noche anterior.”

Objetivo: “Leer 6 libros en el año.”
• Hábito: “Leer 15 minutos antes de dormir de lunes a jueves.”
• Acción mínima esta semana: “Elegir el primer libro y dejarlo en la mesilla.”

Así pasas de la idea (“quiero leer más”) a un plan de acción para el año visible y sencillo.

4. Alinear tu visión anual con el mes a mes

La pregunta clave es:
¿Cómo se ve este objetivo en un mes normal?

En tu cuaderno puedes dedicar una página a cada mes y anotar:

  • 2–4 mini metas del mes relacionadas con tus prioridades del año.
  • 1–2 hábitos foco que quieras cuidar especialmente.
  • Un espacio para revisión mensual rápida: qué ha ido bien, qué ajustar.

No se trata de controlar cada detalle, sino de crear un sistema de planificación mensual y anual que te recuerde qué es importante, sin agobiarte.

Cómo usar tu notāre para planificar el año

Hasta aquí has trabajado en ideas: revisión, prioridades, objetivos y hábitos. Falta la última pieza: dónde va a vivir todo eso para que no se pierda y puedas revisarlo.

Aquí es donde entra tu notāre como cuaderno de viaje y sistema de planificación analógico.

Por qué un cuaderno de viaje es una buena base para tu año

Un cuaderno de viaje como tu notāre no es solo una libreta bonita. Es un sistema modular:

  • Tienes una cubierta que te acompaña a todas partes.
  • Puedes combinar cuadernos interiores según lo que necesites en cada momento.
  • Puedes reorganizar, añadir o retirar cuadernos a lo largo del año.

Frente a una agenda cerrada, esto te permite:

  • Ajustar tu planificación cuando cambia tu vida (nuevo proyecto, nueva etapa).
  • Separar mejor las capas: visión anual, planificación mensual, notas del día a día, journaling.
  • Convertir tu planificación en un ritual físico: abrir tu notāre, revisar, tachar, añadir.

Ideas para estructurar tu notāre a lo largo del año

  1. Un cuaderno interior para tu visión y prioridades del año

Aquí puedes incluir:

  • Tus notas de revisión del año que termina.
  • Una página con tu visión del año: cómo te gustaría que se sintiera un año bien vivido.
  • Tus 3–5 prioridades del año, cada una con sus objetivos principales.
  • Una lista de “cosas a proteger” (hábitos, relaciones, espacios, tiempos).

Este cuaderno es tu brújula anual.

  1. Un cuaderno interior para planificación mensual y semanal

Aquí es donde tu planificación se vuelve práctica:

Al inicio de cada mes:
• Escribe tus mini metas del mes (2–4 como máximo).
• Señala tus hábitos foco para ese periodo.

Cada semana:
• Haz una pequeña lista de prioridades (trabajo, personal, cuidado propio).
• Anota tareas, recordatorios y pequeños pasos alineados con tus objetivos del año.

Al final del mes puedes hacer una revisión corta:
• ¿Qué ha funcionado bien?
• ¿Qué te ha costado más de lo previsto?
• ¿Qué ajustarás el mes siguiente?

  1. Un cuaderno interior para notas y journaling libre

Este cuaderno es más flexible:

  • Notas de proyectos.
  • Ideas sueltas que no quieres perder.
  • Páginas de journaling cuando necesites aclarar algo o desahogarte.
  • Pequeñas revisiones de fin de semana: qué te ha hecho bien, qué te ha saturado.

Aquí el journaling entra como capa de apoyo: una forma sencilla de escucharte y ajustar tu planificación cuando algo no encaja.

Si te gustaría incorporar la escritura como hábito, puedes profundizar en cómo empezar a hacer journaling.

Organizar tu año en tu notāre no va de crear un sistema perfecto, sino de tener:

  • Un lugar donde vive tu año: prioridades, objetivos, hábitos.
  • Un ritual sencillo para volver a ellas cada mes y cada semana.
  • Un objeto que te recuerde, cada vez que lo abres, qué quieres cuidar de verdad.

Si prefieres ajustar aún más tu sistema, puedes elegir el formato que mejor encaje con tu año: Muse (en tamaño A5) para tener más espacio de escritura en casa, y Nomad (en formato pasaporte) para llevar contigo lo esencial cuando te mueves.

Si tienes dudas sobre formatos, tamaños o usos, puedes leer la guía para elegir tu cuaderno de viaje  para ver ejemplos más concretos.

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Una persona escribiendo en un journal notāre en el sofá, con Muse y Nomad apilados a un lado.

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